sábado, 1 de noviembre de 2014

DESENMASCARANDO LA RESTAURACIÓN NEOLIBERAL, Respuesta atemporal a los falsos renovadores.


En su serie ¿A mí me la vas a contar? Discepolo contesta en 1951, a los opositores ‘que quieren volver’, prometiendo conservar las conquistas del 1° gobierno de Perón.
Con su genial atemporalidad, parecería que estuviera contestando a los opositores de hoy, que ‘cambian de discurso’ para ‘acomodarse’ al humor colectivo; creyendo que de esa manera, ‘travistiéndose’ ("mascaritas sin carnaval" diría Discepolin), harán olvidar sus ‘miserias’ pasadas. No es necesario, siquiera, adecuar una sola palabra para que el discurso sea actual y relativo a aquellos opositores, que pretenden suceder, con aires ‘renovadores’ y seudoPROgresistas,  al gobierno de Cristina Kirchner
 



La almohada y la noche juntas son un peligro tremendo para la gente que como vos, acuna pesadillas con forma de sueños, la desesperanzada idea de una rehabilitación que no puede llegarle, que no debe llegarle, porque sería la desgracia de todos.

 ¿Me oís? Porque la noche es terrible para los que están en tu tormento. Les da, no sé si por proceso o por cansancio, una idea deforme de la realidad y porque el insomnio tiene la virtud de transformar en razonables las cosas más injustas.
Lo tuyo, por ejemplo. ¡Que querés volver! Lo tuyo, que es monstruoso, porque es historia y está escrito en la memoria, en los papeles, en las cárceles, en los muertos y en los vivos que están muertos. Sos el pasado, el pasado más cruel que haya vivido nación alguna. Porque ningún país nació a la vida con tantas posibilidades para ser dichoso como este, tuyo y ninguno padeció tanta injusticia y tanta barbaridad como este tuyo y por tu culpa.

Sos el pasado que quiere volver por amor propio, sólo por amor propio. Idea mezquina la tuya en esta hora de las grandes decisiones, tan mezquina la idea, que de tanto andarte a pie por la cabeza, ella misma se te ha detenido avergonzada en las sienes y te late como si tuvieras un kilo en cada una.

¿Y sabés por qué? Porque tu idea y yo sabemos que no debés volver. Y vos también, en el fondo de tu alma, aunque lo escondas, sabés también que no debés volver. Por decoro. Por recuerdo. Por historia. Sos la imagen del retroceso, de la injusticia, del hambre, del entreguismo. Y el pueblo lo sabe, como lo sabés vos. El pueblo lo sabe, porque lo padeció, que venís de viejos partidos que nunca hicieron nada en beneficio del pueblo que es la patria y que si alguno de los tuyos, alguna vez, intentó portarse bien, se cansó en seguida. Fue solamente algún abuelo que se murió hace mucho. El pueblo sabe que vos sos nieto, que todos ustedes son nietos, que ninguno de ustedes hizo nada más que ser nieto, nieto de la plata, nieto de las ideas. Que desde la muerte de ellos, hasta la llegada de este gobierno, hubo un vacío de dignidad y esfuerzo que vos pudiste llenar y como un criminal, no cumpliste ninguna de las veces que se te dio el gobierno.

Porque vos no sos una esperanza, ni una incógnita. ¡Vos gobernaste! ¡No una vez, sino varias veces… y mal! ¡Gobernaste mal! Infamemente. Y el pueblo sabe eso, como sabe todo. Reconocé entonces que es mal negocio para un pueblo, tu vuelta al poder, si para respetarte un poco ese pueblo tiene que pensar en tu abuelo.

Mal negocio para un pueblo como éste, que está frente a un gobierno de asombro que le ha dado lo que ni Dios ni la madre le dieron en mil años. De un gobierno que ha puesto en marcha a la patria hacia un destino que nadie, nada más que él solo, puede conducir por una razón sencilla: porque este gobierno, en vez de seguir lo clásico que era tan cómodo, se metió en el tembladeral de las revisiones alcanzando a cada uno la proporción de dicha que le corresponde, revolución gloriosa que se alcanzó con el esfuerzo de unos cuantos para felicidad de todos, tan afortunada como revolución que vos, para darle alguna posibilidad a tu propaganda, tenés que ofrecer en tus discursos migajas de esa doctrina triunfante.

No creas que no te oí; bien claro que lo dijiste en una proclamación: «Y podemos asegurar a los obreros que si llegamos al poder las conquistas obtenidas no se perderán». ¿Obtenidas por quién? Por este gobierno. ¿Y si las obtuvo este gobierno, por qué te van a votar a vos? Has perdido hasta la sensación del ridículo. Mirá: este gobierno es tan perfecto que, por lograrlo todo, hasta nació de un carozo: no arrastra taras, no arrastra pasado, sólo tiene un presente indiscutible y un porvenir que da envidia.

Sí, Mordisquito. Vos sabés que no debés volver. Como sabés también que en el cuarto oscuro tus candidatos y vos lo van a votar a este gobierno. Sí, calláte. Yo sé lo que te digo. Si esto no fuera tan serio, si se pudiera hacer la broma, me gustaría que los peronistas todos te votáramos para verte disparar al extranjero horrorizado del triunfo, espantado de no saber qué hacer con un país cuyo destino no entendiste nunca y cuyo bienestar te repugna.

Hasta mañana, Mordisquito. Vengo por pocos días porque me has hecho volver, pero es la hora de las definiciones y yo tengo la obligación de decirte por qué no te prefiero ni yo, ni este pueblo. Tengo cincuenta años y una memoria de fierro. Y en esas condiciones, ¡no me la vas a contar, Mordisquito!

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